Sovietilandia

El 29 de mayo del 2009 salí de Lund, Suecia para emprender el viaje más largo, cansado, interesante, apestoso y divertido de mi vida. Un recorrido de Kiev a Beijing, pasando por Cabo da Roca, Katowice, Chisinau, Sochi, Irkutsk, Vladivostok y Ulán Bator, entre muchos lugares más.

Un par de años después, recuerdo con nostalgia esta Odisea y consciente que jamás tomaré el tiempo necesario para escribir un libro sobre ella, decido compartir mi experiencia a través de este blog y así, de manera altruista, hacerle promoción turística a la ex-URSS, Mongolia y China.
No obstante las buenas intenciones, de inmediato me percato de los problemas que presenta semejante tarea: el paso del tiempo y la mala memoria hacen difícil distinguir lo realmente acontecido de lo imaginario. Esto, aunado a mi ligera tendencia a exagerar, hace que los relatos aquí presentados puedan ser tanto narraciones fácticas como inventadas, o ambas, por lo que se invita al lector a prender aquel filtro que utiliza cada mañana al leer los periódicos de mayor circulación. La única verdad absoluta es que todo este trabajo es producto de la inspiración que provoca haber pasado más de 250 horas a bordo de un tren lento e incomodo; al rededor de 60 idas de aguilita al baño; hartos litros de vodka; inolvidables enfrentamientos con las babushkas que venden los boletos de tren; los bellísimos paisajes del Lago Baikal, Siberia y Mongolia; y la convivencia con tanto personaje sovietilandés. Asi que no se esperen ni unos Diarios de Motocicleta en su version ferroviaria, ni unas Confesiones al estilo de Rousseau, ni a la Lonely Planet, ni el Diario de Bridget Jones. Se trata aquí, simplemente, de una serie de vivencias que merecen ser contadas.
A través de pequeños relatos, espero introducir al lector a Sovietilandia y con ello a los maravillosos paises y personas que engloba. En ocasiones, estos relatos podrán parecer políticamente incorrectos, vulgares o incluso estar totalmente equivocados en su percepción de la realidad. La intención, por supuesto, no es ofender, sino hacer reír e inspirar a que vayan y descubran Sovietilandia por si mismos.
Bienvenidos entonces a Sovietilandia, una tierra que recorreremos de Moldova al Consomé del Amor y que básicamente abarca la ex-URSS y, muy probablemente sus satélites también; un mundo lleno de contrastes, hilaridades, peculiaridades y miles de excentricidades de las cuales poco se ha escrito. Muchos han comentado sobre la situación económica y política, otros sobre los problemas sociales resultado del paso del sistema socialista al actual -que yo no sabría como calificar- mientras que pocos han hablado del producto concreto y subjetivo de la perestroika, que es precisamente lo que he bautizado como Sovietilandia.

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