Cruising through Thailand on a 100cc Honda Wave

When I arrived in Phuket I bought an old, not too pretty, but well-maintained 100cc Honda Wave. In the two years I’ve had it, it has never given problems and only occasionally asks for an oil change. It doesn’t have a working speedometer, stopped counting its milage years ago, goes up to 60km/hr and has a handy grocery basked mounted on the front.

Having quit my job as a sailing instructor and with plenty of time to go through the ridiculous process of a visa run, I decided to make the most of this hassle and drive from Cape Panwa to Ranong on this faithful moped.

The journey starts with a tiresome hike through Phuket’s traffic jams and road works and doesn’t really get interesting until Khao Lak -an unimpressive beach resort town, judged by Mexican and Thai standards.

I spent the night there, at a cheap and cosy guesthouse called Les Fleurs, got semi-drunk at the Monkey Bar, where the talented band was playing oldies but goodies, and left the following morning without wondering whether the town deserved another night.

After Khao Lak, a pristine road starts winding through palm oil and rubber plantations, fishing villages, national parks and tsunami-wrecked beaches; a truly enjoyable ride, even on a moped.

It took 4 hours to get to Ranong and, hoping to avoid unpleasant complications with Thai immigration, I decided this time to try to do my visa run via the Andaman Club; a casino, spa and golf resort located on an island belonging to Myanmar. I made it to the pier at 3.15pm, boarded a ferry at 3.30, arrived in Myanmar at 3.50, stamped in, stamped out, and was back in Thailand at 4.20pm, 10 minutes before the very friendly Thai immigration lady closed her counter. The ferry ride cost me 950 baht. Versus the pain of having to procure a crispy 10 USD note for the Myanmar officers to let you spend 5 minutes on their territory, the cost of the long tail to get you over there and the likelyhood that upon your return Thai immigration will find an issue with your visa, your work permit or your looks, the run via the Andaman Club proved well worth it.

Having settled that, I drove towards Ranong’s city centre, had an amazing pizza at Dahla’s (I hadn’t eaten all day, so maybe a bit biased), then crashed at the Ranong Backpackers Hostel, which was pretty decent.

This morning I woke up early and decided to make my way to Surat Thani via the most scenic routes possible.

Googlemaps wanted to send me up to Chumphon and then ride the motorway down to Surat. I decided against it and played around with the app’s satellite imagery until I found a road from Ranong which passed the hot water springs at Hat Som, the Huay Sum Pen Dam and the Ranong Canyon, and then supposedly went all the way to Phato.

However, discovery proved that after the Canyon, the road turns into a treacherous dirt and rocky path.

I could feel my Wave was not enjoying the bumpy ride and feared losing its suspension, popping a tire, drowning the engine in a stream or simply breaking down in the middle of the jungle.

I had to pass six creeks, some deeper, wider and trickier than others, got my jeans wet up to my knees and could see no end to this. Still, I held on to my faith in the little Honda and refused to turn back.

The path cut through desolate, thick palm and rubber plantations, with shabby cabins appearing once in while, housing the extremely poor labourers of these trades.

After torturing my bike and my ass for about 15kms, I came accross a sign that pointed to a waterfall (นัำตก) and decided it was time for a break. I took the detour, which again seemed to go on forever an ever on a shitty road, but after ten minutes found the Tapkon Waterfall completely deserted, unspoiled and beautiful.

Following a refreshing swim, I gathered my courage and resumed the ride, hoping it wouldn’t be long before I found some decent tarmac. Deliverance came some 7kms later, at the town of Pattana Suksa, where this dirt road from hell joins the 4006 road to Patho and from there continues towards the 41 motorway which connects Surat Thani and Chumphon.

Eager to finally get a glimpse of the Gulf of Thailand, I crossed straight over the motorway and headed to Laem Beach, from where I followed the coastal roads, passing through more plantations, fish farms and crappy roads, until I made it to bustling Surat Thani.

Having made it to my destination, I can now say I have no regrets. I won’t deny, however, that there were moments along the way when I felt nervous and stupid (…not the first time I think I’m smarter than Googlemaps). I certainly recommend this dirt path, but advise against doing it on your own, as there are no gas stations nor gas bottles, very few mechanics and no 7/11s along the way.

Sacha Mandinga

Not all those who wander are lost.

J.R. Tolkien

EL INICIO

Que no quepa duda, viajo para fugarme, una evasión de la realidad, mi realidad, tal y como sucede con el consumo de drogas. Cuando uno pasa de nivel turista a nivel viajero, el sedentarismo y la rutina se convierten en sus enemigos naturales. El turista sabe perfectamente a donde va y su fecha de regreso; al viajero no le importa la primera y se niega a reconocer la segunda.

A mis 34 años de edad lo más difícil al emprender el viaje fue ignorar la presión social a la que casi todos cedemos sin cuestionamientos. Con una prometedora trayectoria profesional, un valioso grupo de amigos y familiares, un buen estatus económico y el confort del mundo de lo conocido, las personas a mí alrededor se preguntaban si mis facultades mentales y buen juicio no estarían flaqueando. Renunciar, dejarlo todo y partir a recorrer el globo sin rumbo, boleto de regreso y con únicamente diez kilos de posesiones a cuestas, es una idea que a buena parte de la sociedad le parece descabellada y arriesgada en todos sentidos.

Sin embargo, a solo tres años de haber regresado de mi última vagancia por el planeta, la rutina y comodidad fueron combustible suficiente para aventurarme de nuevo a lo desconocido.

¿Hacia dónde? Es lo que menos importa. ¿Hasta cuándo? Que el tiempo lo decida. ¿Por qué? por el reto, el asombro, el movimiento, la vida misma.

El viajero, cuando se traza una ruta, no busca nada en particular más allá de abrir su mente para redescubrir la belleza del mundo, midiendo la distancia, no mediante kilómetros, sino a través de experiencias y encuentros; el trayecto mismo.

Aquel que viaja debe de tener la disposición de olvidar todo lo que ha aprendido, volver a empezar de cero, arriesgar y sacrificar todo; de otra forma, sin importar las vueltas que consiga dar al universo, jamás saldrá de casa.

La historia va más o menos así. El año 2014 resultó una mierda. El proyecto  social que dirigía en cárceles para menores, que había comenzado un año antes, perdió impulso y me era cada vez más difícil encontrar la motivación necesaria para continuar, menester indispensable para quien  dedica su tiempo, esfuerzo y recursos en aras de mejorar la situación del marginado y excluido. La ayuda económica nunca llegó y yo me vi en la necesidad de encontrar un trabajo paralelo que me permitiera sostener el proyecto, además de continuar con un  tercer trabajo como coordinador de la sección de Derechos Humanos y Cooperación para la revista Pensamiento Libre y colaborador en otras publicaciones del mismo corte.

Por x o y encontrar trabajo nunca ha representado un problema para mi, por lo que en mayo de ese año, y sin prácticamente esfuerzo para conseguirlo, comencé a laborar en una dependencia gubernamental dedicada a la protección de derechos humanos, específicamente en la lucha contra la discriminación. Las funciones de mi puesto resultaron sumamente atractivas y parecían haber sido pensadas expresamente para mi perfil profesional. Todo fue un fraude. Al burócrata, en la mayoría de los casos, le importa un reverendo sorbete en qué consiste su trabajo; lo mismo le da el desarrollo de proyectos con miras a proteger a personas en situación de vulnerabilidad que pasarse el día entero abriendo y cerrando cajones, actitud que se refleja en el mediocre y pobre trabajo que realizan, a menos que, claro está, persigan intereses personales de tipo económico o profesional, con lo que tal vez logren desempolvar la piedra y hacerla girar un poco.

Mi mala experiencia en el gobierno se potenció debido a mi jefa, que además de ser una persona gris y sin chispa, parecía estar completamente amargada por la vida, y cualquiera podía pensar que maltratar a sus subalternos era una de sus actividades favoritas. Mantener tres trabajos, y en uno de ellos con una perra como jefa (ella misma se auto-nombraba con ese mote) absorbía toda mi energía y me dejaba poco tiempo y ganas para disfrutar la vida; para cerrar con broche de oro mi precaria situación, y al tiempo que comenzaba mi tercer trabajo, me enfrente a una seria enfermedad que me obligó a someterme a un par de cirugías mayores de las que, con un poco de suerte y un equipo de cirujanos de mano experta, logré salir avante.

El cáncer me abrió lo ojos. Dinero, desarrollo profesional, estatus social; nada de eso cuenta si mañana expira tu último aliento y no eres capaz de mirar atrás y sonreír. Vivir como si no fuéramos a morir y morir como si nunca hubiéramos vivido tiene que dejar de ser la regla. Es por eso que hoy he dicho adiós a todo y me he propuesto no pensar en el futuro, sino únicamente disfrutar a tope el presente, y que mejor manera que  viajando.

GoingNoW

GoingNoW es una serie de escritos que intentan plasmar en palabras las motivaciones que nos llevaron a salir corriendo de una rutina sin sentido, de un modo de vida casi impuesto y no elegido y de un acumulado de supuestos y prejuicios, que a base de repetición terminamos aceptando como verdades: a qué aspirar, qué metas alcanzar, qué hitos superar y cómo el seguir ese caminito que millones van tomando, supuestamente, conduce a la felicidad. Aspiraciones, metas e hitos que, de no ser palpables o materiales, son consideradas propias de los forevers.

Lo hacemos porque nos gusta escribir, compartir lo que sentimos y lo que vivimos, y si estos textos pueden ayudar a que el lector cuestione el camino que tiene por delante, sea para confirmar que es el correcto, o bien, para darse cuenta que es hora de hacer ajustes, pues qué mejor, pero no somos tan pretenciosos.

Para expresar estas ideas iremos narrando la odisea, que para uno empieza en Puerto Escondido y para el otro en Copenhague, y así, además del choro filosófico, esperamos introducir a nuestros amigos al maravilloso y loquísimo mundo del sureste asiático.

GoingNoW refleja varias ideas: la urgencia de dejarlo todo; un viaje sin rumbo ni destino, aunque con una ligera orientación de sur a noroeste… la simple intensión de reconocer la emoción de vivir.

Finalmente, porque ambos nos fuimos asqueados de un México que vuelve a competir por los primeros lugares en índices de corrupción, impunidad e inseguridad, aprovecharemos este espacio para desahogar tantito nuestra frustración.

Atentamente,

los autores