¡Sampa yumpa nanti, Bali! La Carrera por las visas. Parte 1

Como ya hemos venido comentando, salimos de México sin planear nada; solo con el compromiso de encontrarnos el 11 de mayo en Yakarta. Puede parecer intrépido, emocionante e incluso envidiable, y sin duda lo es, pero tiene su precio. Una tarde en “Ámsterdam 205” (como se le conoce al auberge espagnole mexicano en el que solíamos vivir), después de varios días sacando brevemente el tema de visas a colación, sin indagar nada ni prestarle mucha atención, decidimos hacer un pequeño esfuerzo al respecto. Marie, con su instensidad organizacional alemána, sacó una pluma y papel y empezó a anotar los requisitos para obtener visas que íbamos descubriendo en internet. La concentración se desvaneció rápidamente, como sucedía con muchas cuestiones en Ámsterdam, pero nos permitió saber que podíamos conseguir una visa de 30 días al llegar al aeropuerto internacional Soekarno-Hatta en Yakarta y que esta era renovable por otros 30 días en cualquier oficina de migración dentro de Indonesia, así que nunca nos molestamos por averiguar si podía convenir algún otro tipo de visado o, siquiera, si había un consulado indonesio en el DF.

Cada uno llegó a Yakarta por su cuenta, compró su visa y, siguiendo los consejos de Clarita, agarró un taxi Bluebird al Four Seasons Apartments, residencia súper placentera donde pasaríamos los siguientes cinco días recuperándonos del jetlag, descubriendo la Lonely Planet de este país, armando el formato del blog y planeando la salida de la capital. Durante ese tiempo también asistimos a un par entrenamientos de la Selección Indonesia de Polo, hicimos unas breves excursiones por la ciudad, compramos un smartphone y nos echamos nuestros primeros nasi goreng (arroz frito).

Entrenamiento de polo

Entrenamiento de polo

Asado con la Selección Indonesia de Polo

Asado con la Selección Indonesia de Polo

Las albercas del Four Seasons Apartments

Las albercas del Four Seasons Apartments

Monumento Nacional, Yakarta

Monumento Nacional, Yakarta

El primer mes pasó rapidísimo: 5 días en Yakarta, 10 en Batu Karas, 3 en Yogyakarta, unos días en traslados y 10 en Canggu, Bali, que fue donde nos pusimos en contacto con una coyote rusa que por 60 dólares (incluyendo los $35 del costo de la visa)  se encargaría de la renovación para que pudiéramos quedarnos en la playa echando la hueva, en lugar de pasar nuestro tiempo en la oficina de migración, que nos habían descrito como algo equiparable a las oficinas del servicio de aguas de la Ciudad de México.

Playa de Batu Karas, ideal para aprender a surfear

Batu Karas

Vista desde el cuarto en Batu Karas

Vista desde el cuarto en Batu Karas

aprendiendo a surfear en Batu Karas

aprendiendo a surfear en Batu Karas

Aprendiendo a surfear en Batu Karas

Yogjakarta

Yogjakarta

Campos de arroz a las afueras de Ubud

Campos de arroz a las afueras de Ubud

Changos en las carreteras de la sierra balinesa

Changos en las carreteras de la sierra balinesa

Campamento de Surf de Balian

Campamento de Surf de Balian

El 17 de junio, es decir, 23 días antes de que las visas expiraran por segunda vez, la coyote devolvió los pasaportes a Sacha, quien no esperó ni un minuto para emprender camino hacia Dili. Desgraciadamente la “visa on arrival” únicamente puede extenderse una vez por 30 días más, por lo que, si queríamos permanecer más tiempo en indonesia, era necesario salir del país para conseguir un nuevo permiso; y fue así que decidimos recorrer miles de kilómetros para llegar a Timor Oriental con el fin tramitar nuestras nuevas visas.

La primera parada fue Kuta en la isla de Lombok, ya en la provincia de Nusa Tenggara Occidental, una playa muy tranquila, de restaurantes y hoteles pequeños, terracerías, locales sonrientes y muchos surfistas. Un poco como Puerto Escondido cuando, de adolescentes, lo descubrimos. Yo alcancé a Sacha a tres días de su llegada, después de un detour por el archipiélago de Komodo en busca de dragones y manta rayas gigantes. Nos quedaban 20 días de estancia legal en el país y estábamos lejos, muy lejos de la isla de Timor, así que sólo alcancé a pasar un día en esta isla, visitando unas cascadas.

Lombok

Cascadas en las faldas del volcan Rinjani

A penas nos despedimos de Julián, quien había volado de Kuala Lumpur para pasar el fin de semana, como también lo había hecho el fin de semana anterior, cuando nos encontrábamos en Uluwatu, Bali, para festejar la boda de Clarita y Vasco, nos sentamos a planear la siguiente etapa del Rally, esfuerzo que duró solo un par de minutos, pero que nos llevó a decidir cambiar el placentero Surfer’s Inn de Kuta y su deliciosa alberca por un par de días de camino hasta llegar a Pantai Lakey en el sureste de la isla de Sumbawa.

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