Ayer soñé que trabajaba en el Senado

Confieso que no me gustan las películas de terror, ni los programas sobre cirugías, animales ultra-peligrosos o asesinos psicóticos. No aguanto las imágenes fuertes, me encanta dormir y soñar cosas agradables, no que me están taladrando el cerebro, mochando una extremidad, aventando con los tiburones, quemando vivo, etc. Incluso la acupuntura me pone mal.

Sin embargo, recientemente empecé a ver una serie que se llama Penny Dreadful y, a pesar de estar consciente que no es buena para mi salud mental, no la abandono (probablemente porque me late la protagonista). Quién la haya visto quizás se ria, pero a mi si me afecta. En ella salen vampiros, hombres lobo, brujas horripilantes, frankensteins y personajes muy feos. Hay mucha sangre, voodoo, descuartizados, serpientes y obscuridad. Hasta ahora me he librado de pesadillas asociadas a esta serie, pero siempre me acuesto pensando que ya me toca.

Dicho esto, ayer soñé que entraba a trabajar al Senado de la República. Se me estaban acabando los ahorros y un cuate ofreció conseguirme una plaza. No especificó cual seria mi trabajo ni mi sueldo, pero aún así me animé, suponiendo que trabajar en un lugar de tal prestigio tendría que ser una experiencia formidable .

Mi primer día de trabajo fue un viernes de quincena. Me presenté con cuanta gente me encontraba, ofreciendo ayuda en lo que fuera, tratando de indagar cual era mi función. Nadie parecía saber y más bien les sorprendía mi actitud proactiva; a algunos incluso parecía molestarles. Finalmente hubo un señor que ofreció compartirme su carga de trabajo, que consistía en revisar contratos ya firmados.

Eran las once cuando mi colega se desapareció a echar unas quecas y poco después me quedé sin nada que hacer, con miedo a preguntar a otros si les podía ayudar en algo. Como muchos a mi rededor, me dispuse a observar la gente pasar. A veces pasaban personas que parecían Senadores pero no lo eran, otras que lo eran pero no lo parecían. También pasaban edecanes ofreciendo galletas y capuchinos nespresso, ocasionalmente recibiendo nalgadas o pellizcos de aquellos que parecían o eran Senadores.

A lo lejos alcancé a ver un señor vestido de traje color mostaza verdosa, que parecía estar distribuyendo el correo. El personal se le acercaba, recibía algo, llenaba un papelito y se alejaba mirando detenidamente lo que había recibido, como si estuviera cazando pokemones con ello. Cuando el señor estuvo lo suficiente cerca, alcancé a percibir que estaba repartiendo fajos de billetes de $200 pesos. De pronto llegó mi turno. Me entregó dos y pidió que acusara de recibido. Le dije que era nuevo y que probablemente no me tocaba recibir mi salario hasta la siguiente quincena, además de que esperaba pudieran depositarlo en mi cuenta, considerando lo quisquilloso que se había puesto Hacienda con el  manejo de efectivo, así como el riesgo latente de asalto en la Ciudad de México. Después de mirarme con desprecio e instar a mis vecinos a mentarme la madre, volvió a pedir el acuse, el cual decía: Recibí del HH Senado de la República Mexicana ___ fajos de quince mil pesos por concepto de honorarios. Nombre_____________. Firma____________ Sufragio electivo [sic]. No reelección. Puse un “dos” en el primer espacio, lo firmé e hice la observación de que mi nombre completo no cabía. Sin darme la oportunidad de siquiera poner mi nombre de pila, arrebató el acuse de mis manos y siguió su camino.

Al poco tiempo volvió el único que había aceptado chalanearme, con huitlacoche entre los dientes y grasita de chicharrón prensado en la barba, respirando muy fuerte y visiblemente preocupado. Me preguntó si había pasado el de las quincenas. Le enseñé mis dos fajos de quince mil pesos en billetes de a $200. Primero se sorprendió al ver que eran de $200 y no de $20, luego que sólo hubiera recibido dos y finalmente se echó a correr en busca del hombre del traje color mostaza verdosa.

Entretanto, yo me angustiaba más y más ¿Por qué me habían pagado si era nuevo? ¿Por qué por “honorarios”? ¿Por qué en efectivo? ¿Qué hago con tanto billete? ¿Si lo deposito en el banco, no me van a acusar de estar lavando dinero? ¿Cómo compruebo de donde salió? Si me lo llevo a casa, ¿qué tal que me asaltan o me bolsean en el metrobus? Si lo dejo en mi escritorio, ¿qué tal que ya no está cuando regrese de comer? ¿Donde comer? ¿Qué comer? ¿Milanesa con arroz a la mexicana y un huevo estrellado? ¿Tacos? ¿Y si me da diarrea? ¿Me dejarán salir antes de las diez de la noche?

En ese momento sonó mi despertador. Abrí los ojos y comprendí que no había sido más que una pesadilla, una terrible pesadilla Godínez. Normalmente le doy al snooze un par de veces, pero esta mañana lo apagué de inmediato, me paré y metí a bañar. Estaba empapado en sudor y no iba a arriesgar volver a las tinieblas del gobierno mexicano.

Nunca he trabajado en el Senado ni sé como funciona, así que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia… y no hay como la realidad para provocar pesadillas.

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