Diario de una meditación. Parte I

El año antepasado falleció Sacha Mandinga. Unos días después, Andrei Rostislavovich compartió a un grupo de amigos en un chat de Whatsapp que se iría unos días a la montaña y que estaría incomunicado.

Meses después visitó México y, en cuanto tuve tiempo de tener una plática decente con el, le pregunté qué había estado haciendo. Me comentó que había estado recluido meditando. Me quedé sorprendida. Para quienes lo conocen, sabrán que meditar no es una de las cosas que estaba en su radar años atrás.

Yo había comenzado ese mismo año a practicar yoga kundalini, el cual implica -además del ejercicio- meditación mediante mantras y respiraciones de distintos tipos. Esta experiencia fue muy buena y viajadora; al poco tiempo, comencé a sentir diversos cambios en mi persona, por ejemplo, claridad de mente.

Es por eso que cuando Andrei me contó sobre la meditación lo quise saber todo. Fue cuando me contó del Vipassana; una técnica de meditación universal y 100% laica, la cual tiene como objetivo sanar física y emocionalmente. Para hacerlo, necesitas hacer un retiro de 10 días.

El año pasado durante mi viaje, Andrei me preguntó «¿Qué pedo? ¿Piensas hacer el Vipassana? Deberías darte el chance y hacerlo en Myanmar. Imagínate, es la tierra de esta técnica.» Dije «sí, a huevo. Me parece que lo necesito ¿dónde me inscribo?» Para quien le interese, denle click aquí.

Al final, decidimos ir juntos. Acordamos fechas, mandamos nuestra solicitud, lo aceptaron, me aceptaron. Todo listo. Comencé a ponerme nerviosa: «Diez días sin fumar, Phuyin, diez días». Esa era mi mayor preocupación; en realidad no tenía ni idea a lo que me estaba metiendo.

Ya de nuevo en Tailandia, Andrei me contó del Vipassana, me contaba más o menos cómo era la cosa. Me preguntó si estaba nerviosa, claro que estaba nerviosa! Lo único era que me sentía muy confiada en mí, en mi fuerza de voluntad; incluso con lo del cigarro. Sentía que podía hacerlo porque quería hacerlo.

Nos fuimos a Myanmar. «¿Estás lista? ¿Quieres fumarte tu último cigarro?» me preguntaba Andrei. «Sí quiero.»

Una vez adentro te vuelven a dar las reglas para que las leas: No fumar, no intoxicantes, no hablar, desayunar a las 7.00 am, almorzar a las 11.00 am, dormir a las 9.30 pm, meditar 11 horas diarias, no mentir, no carne, no decir o tener actuaciones sexuales… ok, ok, ok. Antes de entrar te repiten el compromiso: «Estás aquí para hacer el Vipassana que requiere que estés sentada meditando por diez días, si tu dices que sí, yo también acepto que entres.» «Acepto.»

Día uno: 4.30 am comienza la meditación en el Dhamma Hall, una grabación te va diciendo lo que tienes que hacer. Concentrarte en tu respiración, sentirla y permanecer tranquila. ¿Tranquila? ¡Pero si esta mente mía no me deja! Durante todo el primer día te das cuenta que en tu mente convives, al menos, con dos personas (algo que esa misma noche te enseñan).

Yo me di cuenta que convivía con más Phuyines: La Phuyin del pasado, la de los recuerdos. La Phuyin del futuro, la que se vive soñando e inventando historias. La Phuyin mala y egocéntrica que me quería sacar de la meditación. La Phuyin cantadora que aprovechaba cualquier ocasión para comenzar a cantar. La Phuyin buena que sí estaba aprovechando la ocasión y la Phuyin romántica de los novios, ex novios, amantes y amores.

¡Qué pesadilla! ¿Cómo puedo vivir tranquila con tantas yos adentro? ¿Cómo no pueden callarse? ¡Tienen que callarse!

Día dos: Todas mis yo siguen ahí, pero ya no se aparecían todas todo el tiempo. Las más necias fueron las del pasado, la del futuro, la romántica y la cantadora. Ese día, los dolores propios de estar sentada por horas comenzaron a intensificarse. Cambiaba de posición continuamente para enfocarme en mi respiración y lo que debía sentir a través de ella y no a través del dolor.

Ese día después del almuerzo pensé «uuuuy, ahorita estaría chido un cigarrito». Me lo fumaba mentalmente y ya estaba. No hablar seguía siendo lo más fácil. No comer nada después de las 12 del día no era ningún problema. Comencé a tener pensamientos creativos.

Día tres: Se apareció un dolor intenso en mi garganta. Debo decir que llegué al Vipassana con una tos medio nefasta, una tos que con el paso de los días disminuyó considerablemente, pero nunca me dejó.

Ese dolor que sentía no era de la tos. Era un dolor de ardor, como de acidez. Yo no sufro de gastritis, ni acidez, por lo que el dolor no era normal. El ardor continuó durante toda la meditación de la mañana, e incluso sentía que tenía atravesado algo en la garganta, algo que estaba pegado a ella. Al final se desprendió, lo sentí claramente cuando sucedió y sólo pensé «quéeeee cabróooon».

Ese día anunciaron en el discurso de la noche que al siguiente día comenzaríamos -ahora sí- a practicar Vipassana. Me emocioné. Esa noche tuve un insomnio horrible que después descubriría era normal.

Día cuatro: Vipassana. Empecé a sentir vibraciones por todos lados. La cara, la lengua, cabeza, pecho, todo. Todo se está moviendo. Las Phuyines andan más tranquilas, pero Phuyin la mala se hace cada vez más presente, distrayéndome durante la meditación, diciéndome cosas tontas. Cada que se aparecía le decía internamente: ¡vete! ¡Déjame meditar! Se iba y entonces aparecía la cantadora y me perdía en la canción por 15 segundos, hasta que otra vez le decía «¡Ahora no podemos cantar! ¡En el descanso!» Se iba. Yo seguía.

Ese día hablé con la maestra: «Tuve insomnio y mi mente no me deja, estoy peleándome con ella todo el tiempo porque quiero que se calle». Me sonrió. «Es normal que tengas insomnio, los sankaras se está moviendo y la mente ya está alerta. Respira profundamente y el insomnio se irá. No presiones tanto tu mente, no te desgastes en regañarla. Tú sabes cuándo va a molestarte. Antes de que llegue, respira hondo para que no lo logre.»

Día cinco: Llegué a la mitad del camino. Qué emoción. Me sigo sintiendo bien, con ganas de seguir avanzando, ojalá logre callar mis voces pronto y meditar como se debe. Los dolores continúan, en la pierna derecha primordialmente, la espalda, el pecho, la panza. Mi panza está llena de aire, como una gran burbuja. Sigo encantada con los discursos nocturnos de Goenka y sigo teniendo un poco de problemas para dormir.

Día seis: Pfffff… ¡qué horribles meditaciones de la mañana! Me parecieron insoportables, estaba cansadísima sin razón aparente, no me podía concentrar y por primera vez sentí unas ganas brutales de abandonar la sala de meditación a la mitad de la sesión.

Necesito un baño -pensé- pero no me lo puedo dar hasta después del almuerzo. Debí haberme bañado a las 7.00 am. ¡Qué ganas de irme a dormir!

La meditación de la tarde mejoró mucho. Menos dolor, más concentración. Sí, seguro sólo fue mi hueva de la mañana. Por la noche, en el discurso mencionaron que el segundo y el sexto día son los más difíciles; que probablemente te sientes muy agotada, pero si ya la libraste, pues listo; sigue.

Día siete: Comienzan tres horas diarias de sentarse a meditar con determinación fuerte («sittings of strong determination»), una a las 8 am, otra a las 2.30 pm y la última a las 6.00 pm. Durante una hora no debes mover tus piernas, tus manos o abrir los ojos. Uffffff, lo intenté hasta que el dolor me hacía claudicar; no lograba hacerlo.

Me enteré después que no hay pedo. Si es mucho tu dolor es mejor que te muevas, pero ¡inténtalo! y si esta vez tuviste que moverte 5 veces, intenta que la próxima solo sean 4, y así poco a poco hasta lograrlo.

Día ocho: Hoy por fin ya tengo permiso de irme a las celdas individuales a meditar, lo hice un par de veces y decidí que mejor me quedaba en el Dhamma Hall porque me ganaba el sueño en la celda.

Mi meditación sigue siendo buena a veces, a medias otras. Muevo mucho mis ojos, muevo mi cuerpo. El ardor en mi pecho y espalda se vuelve insoportable. Veo piedras incrustadas en cemento sobre mi espalda, siento que hay fuego en mi pecho. Un fuego tan intenso que en una de las meditaciones, ya casi al final de ésta, no pude terminarla tranquilamente por el ardor que sentía. De pronto sentí la necesidad de agarrarme el pecho y –como si te trataras de salir a fuerza de un lugar muy pequeño-, wuaaaa!!! el demonio salió. Comencé a llorar. No lo podía creer. Goenka había dicho que los dolores que sentimos se manifiestan de distintas maneras, básicamente en la forma de los 4 elementos. El fuego -manifestado aquí en ardor-, está asociado con la ira, el odio y también la pasión.

Ese día no pude creer el tamaño de la negatividad que había salido de mí y estaba además frustrada porque no supe sobrellevarlo, ¡terminé llorando! Pensé que estaba mal que llorara, pero por otro lado, el agua se manifiesta en llanto y sudor, y éstos a su vez, con la tristeza. Sobra decir que traía una buena cantidad de tristeza atorada dentro de mí debido a la pérdida de Sacha. Ese día supe que me faltaba demasiado.

Día nueve: Ya casi terminamos. Phuyin la malvada ya no ha vuelto; la que canta por supuesto que sigue ahí cantando cuanto se le ocurre, desde Björk hasta Juanga o Pandora (¡WTF!). El dolor en el pecho ahora son dos estacas clavadas fuertemente. En mi espalda, las piedras incrustadas en el cemento que está sobre mi espalda ya no están, ya no hay cemento en toda la parte media y baja, pero queda algo en la parte alta. Tengo mucho aire pero ahora en la garganta. Aire que me hace querer eructar levemente. Mi pezón derecho está on fire. El vientre lo siento presionado.

Hoy he logrado moverme sólo una vez durante la meditación de fuerte determinación, pero no logro meditar con la técnica más avanzada de la que nos habló Goenka. Mi imaginación le sigue dando vuelta a la hilacha y no debería ser así.

Todos estos días he estado observando a Andrei de lejos. Lo veo muy tranquilo.

En mis pensamientos me sorprendo de que haya sido él el que me trajo hasta acá. Que haya sido él, quien me esté dando este regalo. Me parece fabuloso e inaudito. Se que cuando podamos hablar tendré que agradecerle.

Día diez: Nos enseñan la última parte del Vipassana. Hacer una meditación de Meta-Dhamma, o en otras palabras, una meditación de amor compasivo. Qué bonito. También nos dicen que ese día podemos volver a hablar a partir de las 9 am con el objeto de irnos preparando para salir.

Yo no quiero hablar con nadie que no sea Andrei. Todavía nos faltan muchas horas de meditación y no quiero meter basura o expectativas a mi cabeza. Pero es imposible. En cuanto salgo de la meditación, una alemana me ataca con una pregunta, le contesto un simple «no sé» y me voy. Me siento abrumada, me siento muy sensible.

No quiero hablar; quiero llorar.

Veo a Andrei: «Felicidades! Lo lograste! ¿Qué tal te trató el dolor?»

Contesto «De la chingada, pero estuvo bien. ¿Cómo te fue a ti?»

Andrei: «Bien. No tanto como hubiera querido. Mi mente andaba por todos lados.»

Phuyin: «La mía igual. Ya hablaremos más al rato.»

Yo me sentía muy mareada todo el tiempo. Había ocasiones, después de meditar, que creía que me iba a desmayar. ¿Y ahora hablar? Nel. Me fui a bañar y me encerré en mi cuarto mientras escuchaba a todas las demás pericas hable y hable.

En la noche platiqué con mi roomie. Una chica israelí de 18 años. Platicamos de mi adicción al tabaco y de su adicción al celular. Le dije que para mí había sido muy interesante verme dejando de fumar por diez días sin tener unas ansias locas o un mal humor del carajo. Es obvio que estaba tan ocupada en lo demás que mi mente lo hizo a un lado.

Día once: El Vipassana ha terminado oficialmente. Yo no hago mas que sonreír como nunca, estoy genuinamente feliz y orgullosa. Ese día durante la ducha, la Phuyin cantadora por fin pudo sonar! Decidió cantar «Busca un problema» el primer sencillo de Natalia L. ¿por qué? No tengo idea. La selección musical de esa Phuyin no tiene ningún sentido, no tiene pies ni cabeza y eso me causaba mucha gracia.

¡Salimos! Agarramos nuestros celulares y con ellos la realidad de tener 300 mil mensajes de whatsapp.

No tengo más que agradecerle a Andrei por este gran regalo, por haberme invitado a dar este paso que resulto ser extremadamente valioso, así como doloroso y aleccionador.

Me encanta que no haya estado sola al hacerlo. Volver a la realidad sí es duro y qué mejor que hacerlo con tu amigo, ahora mi Dhamma Brother.

Sé perfecto que esto fue solo el comienzo y que tengo mucho camino por andar. Pienso en la gente que aun no perdono aunque me lo haya propuesto, pienso en aquellos que sí he logrado perdonar. Pienso en que la vida es un suspiro y pienso vivirla con todo, incluso si a alguien que yo quiero no le gusta mi modo de hacerlo. Pienso en Sacha, en Rafa, en la pérdida, en cómo puedes malgastar tu tiempo en nimiedades en vez de ser feliz.

Sobre todo pienso que hacer esto es una de las mejores decisiones que he tomado y con eso me quedo muy contenta. También noto, en días posteriores al Vipassana, que ya no lloro cada vez que estoy sola en un camión. Logré limpiar una parte de mí y tal vez hasta sanarla. Estoy tranquila con lo que ha pasado, y como decía ese poema de Amado Nervo «Vida, estamos en paz!».

 

Vipassana

Las marcas del Sureste Asiático

Es bien sabido que cuando se viaja a lugares «exóticos» hay que investigar sobre los riesgos que esto conlleva, incluyendo las picaduras de mosquitos, existencia de arañas mortíferas o si es necesario que para entrar a tal o cual país necesites vacunas.

En el caso del Sureste Asiático no es necesario ponerte vacunas de ningún tipo, aunque embajadas, blogs y Lonely Planet te advierten del probable riesgo de dengue y malaria en la región. Nada grave, se trata del mismo riesgo que conlleva ir a la salva chiapaneca o a Yucatán. Aún así, para no correr un riesgo más grande, hay mucha gente que toma pastillas contra la malaria estando en Laos. Dicen que si te da una vez, con esa basta y nunca de los nuncas se va.

Yo traía conmigo un botiquín muy básico que compré en la famosa Farmacia Paris. A sabiendas de que siempre me ando cayendo o pegando, un kit normal compuesto de agua oxigenada, antiséptico y vendas bastaba. Aun así, pensaba que probablemente me daría gripa o que necesitaría alguna otra vitamina, y como no tomo medicina convencional, preferí llevarme mis pastas naturales: equinácea para la vitamina C y pastillas de vitamina B12. Todo listo.

Cuando llegué a Phuket, Andrei Rostislavovich me dio un set de pastillas para la malaria, aconsejándome que no era necesario que me las tomara desde antes ya que era una putiza. Me dijo:  «Guárdalas, y si te da malaria trágate una o dos, con eso te da para llegar al hospital.» Hecho. Las guardé.

Viaje por Tailandia donde los mosquitos me asesinaron las piernas y nalgas, pero nada más. Luego en Laos, el lugar en donde es más probable que te de malaria, los moscos se olvidaron de mí. Simplemente no me picaban. En Camboya ni sus luces; y después llegué a Vietnam.

Ahí, parecía que todo iba bien con el tema, viaje de Ho Chi Minh a Da Lat y de Da Lat a Hoi An. En Hoi An me di la vacación de mi vacación en la playa y me quedé más días porque me enamoré de esta pequeña ciudad. Fue justo ahí… el último día un bicho me picó, o varios bichos… yo qué se.

Al siguiente día me iba a Hue, la ciudad imperial. Desperté con una comezón que ardía en mis antebrazos, los miré y me di cuenta que había sido atacada terriblemente mientras dormía. Además de estos piquetes, tenía otro más en la nalga -lugar favorito de los moscos para picarme- que me dolía mucho.

Los piquetes de los antebrazos eran inusuales; primero porque solo estaban en los antebrazos; segundo, porque  eran pequeñitos pero ardían horrible. Al no tener Andantol para calmar la comezón, recurrí a llenarme los brazos con pomada del tigre, que se supone es re buena para eso. Yo aún así me quería arrancar los brazos y aventarlos.

En Hue, una compañera de cuarto se dio cuenta de mi sufrimiento y me dio una crema de cortisona que salvo mis brazos y mi paz mental, aunque me dijo: «Me parece que esos piquetes son de pulgas». ¿Pero cómo?  Había dormido en ese hostal los últimos 3 días y no había pasado nada, ¿o las pulgas me agarraron en otro lado que no fuera mi cama? Quién sabe.

El piquete de la nalga seguía doliendo bastante, yo lo tocaba (no lo podía ver) y sentía que tenía una especie de hoyo pero pequeño. También pensé que en unos días desaparecería.

Después de dos días me fui a las cuevas de Phong Nha; los antebrazos ya estaban bien. La nalga seguía igual. Pasaron 3 días y me fui a Hanoi, como ya no estaba sola, le pedí a Michelle (la chilena) que por favor me revisara el trasero, lo hizo y me soltó un «Hueona, esto está infectado». ¿Hay un hoyo? pregunté, «Sí hueona, cómo chuchas te lo hiciste?»

Pffff, momento perfecto para sacar el botiquín y ella añadió una pomada con antibiótico. «Con esto seguro se te calma».

Al siguiente día volvió a revisar, y al siguiente Sara, después Clot, después Carlos; todos coincidían en que iba mejorando notablemente.

Ahí me tenían, enseñando el rabo a quien fuera para que me dijeran cómo iba y para que me pusieran la curita, porque como yo no podía ver la herida, me daba miedo poner el pegamento en donde estaba abierto.

De repente, ya no era un «piquete», apareció otro al lado del mayor, y luego otro. Todos con una puntita blanca ¿qué pedo?.

Llegué a Tailandia y hablando en el whatsapp con Sophie me dijo que ella creía que eso no eran piquetes de mosquitos, sino forúnculos.

Andrei y yo no teníamos idea de que era eso, así que nos pusimos a consultar a don Google. En efecto, parecían forúnculos.

Estábamos a escasos días de irnos a sentar 11 horas diarias a meditar, así que decidí ir al doctor para tener el trasero en perfectas condiciones.

El doctor dijo muy fresco «Algo te picó, un mosco o algún otro bicho que traía esta infección, pero no te preocupes, no pasa naaaaaada, sigue limpiándolo con esto y esto  y sigue poniéndote la crema antibiótica. Además, tómate estos antibióticos y ponte un curita.» ok!

en el doctor

Andrei, con toda la paciencia y suficiente asco, limpiaba diariamente mis forúnculos y ponía el curita correspondiente.

Llegué al Vipassana con un forúnculo muy pequeño, no había ya ningún problema. O al menos, eso es lo que yo pensaba.

De repente, por ahí del octavo día de meditación, salió otro abajo de la nalga izquierda, un poco distinto a los demás. Este parecía una quemada, no tenía nada blanco, tenía una bolsita de agua. No la toqué, la dejé y me dormí. Cuando desperté, la bolsita había crecido 3 veces su tamaño. A la chingada! Saqué una aguja y me picotee. Salió el líquido y comencé a curarla como a las demás. Hasta hace apenas unos días sanó por completo.

En algún momento pensé que el calor que sentía mi cuerpo durante la meditación, era el causante de este nuevo y raro forúnculo de calor.

Salimos del Vipassana y todo siguió bien, pero cuando llegué a Bagan salió otro pequeño y cuando llegué a Mandalay, salió el peor de todos. Dolía muchísimo. Todo el camino en el camión del Lago Inle a Mandalay lo sufrí horrible, esa noche no pude dormir bien.

Cuando llegué al hostal, lo revisé. Limpiar, limpiar, poco a poco empezó a drenar más y más, hasta el día en que llegué a Hong Kong. Ahí decidió drenar todo, ya no sentía más dolor pero dejó una marca profunda en mi trasero. Dejó -literal- un hoyo en mi trasero. ¿Cómo puedes tener un hoyo en el trasero????!!!

Se que todo esto suena asqueroso, pero no podía no escribir sobre esto porque me mantuvo en un mal viaje constante, ya no sabía qué más hacer o cómo detenerlo. Por lo que leí vi que no era nada grave, salvo algunos casos. ¿Un hoyo es suficiente para ser esa excepción?

Decidí decirle a Toño, quien me recibió en Beijing, que por favor me llevara al doctor ya estando allá. Le mandé una foto del hoyo. Me dijo que ni de chiste me llevaría a un doctor porque correría el riesgo de que los chinos no me dejaran salir del país. ¿Quéeeee??? pffffff…. en fin. Decidí aguantarme… el hoyo cada día iba cerrando y pues espere a llegar a México y ver a mi doctor.

Hoy ya no tengo hoyo, ya no han salido más forúnculos y poco a poco mi nalga izquierda regresa a la normalidad. ¿Qué me picó? Al parecer me picó el mosco del dengue, pero mi cuerpo resistió a tal enfermedad y en vez de dengue, me mando forúnculos. De algún modo tenía que salir la chunche esta. Creí que era un estafilococo, y éste no fue encontrado, así que como se dice coloquialmente «sepa la bola». Lo bueno es que ya estoy bien, ya me puedo sentar sin dolor y solo queda esperar que el rabo quede presentable de nueva cuenta e ir a tomarme muestras de sangre para estar 100% segura de que ya no tengo ningún bicho.

Así, me llevo un gran recuerdo del Sureste Asiático en mi cuerpo, y la enseñanza de que no importa lo que te tomes, lo que lleves, que tanto te cuides, ya saben cómo va el dicho: «Cuando te toca; aunque te quites y cuando no te toca; aunque te pongas».

Mama Su y Sapa

Algo que tenia muchas ganas de hacer durante este viaje era hacer un trekking con alguna tribu local.

Estando en Pai, Tailandia fui a preguntar varias veces si era posible, pero el hecho de viajar sola  te complica este tipo de planes. Mis opciones eran: 1) Conseguir gente para hacer el trekking conmigo, o 2) esperar a que se juntara más gente interesada en hacer el mismo tour que yo y regresar a preguntar.

Regresé varias veces hasta que me harte. Me quedaría con ganas de conocer a alguien de las tribus del norte de Tailandia.

Para cuando llegué a Luang Prabang en Laos, me di cuenta que varias de las tribus de Tailandia también habitan en Laos, así que fui a buscar de nuevo y salio la misma chingadera. Si vas sola el paseo te sale lo doble de caro, de nueva cuenta tienes que conseguir gente que quiera hacer lo mismo que tu. Claudiqué.

Finalmente, cuando llegué al norte de Vietnam decidí ir a Sapa, una ciudad en el meritito norte norte de Vietnam, en donde -para mi fortuna- vive gente de la tribu h’mong.

Ahí, si te quieres quedar en casa de una persona local, vayas sola o acompañada, no es ningún problema y es el mismo precio para todo el mundo.

Esta vez -curiosamente- ya no estaba sola. Desde Phong Nha a Hanoi, de Hanoi a Ha Long Bay y de Hanoi a Sapa, estuve acompañada por un grupo de gente increíble: Sara de Inglaterra, Bart de Los Paises Bajos, Michu, Carlos, Claudio (Clot) y Matias de Chile y mi paisano Pepe. Y aunque unos se quedaron en Hanoi para partir hacia Singapur (Carlos y Clot) y otros se fueron antes a Sapa (Michu, Bart y Sara), Pepe, Matias y yo nos fuimos juntos y alcanzamos a los otros tres en casa de Mama Su.

En Hanoi

El plan era hacer el trekking todos juntos, sin embargo, el sureste asiático, empeñado en no dejarte ir sin una marca importante en tu cuerpo, no permitió que Bart ni Sara nos acompañaran, ambos se cayeron de una moto.

Total que, después de dos recomendaciones, fue Mama Su quien nos dio alojamiento y comida. Aquí les dejo lo que aprendí estando con ella:

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Nombre: Su

Tribu: H’mong

Idioma: H’mong

Edad: 37 años

Estado civil: Casada

Hijos e hijas: 2 niñas y un niño

Religión: H’mong y cristiana

Religión y costumbres: En la religion h’mong se cree en los espíritus familiares. Siempre se guarda comida para que ellos coman antes que los vivos. Cuando se cosecha el arroz, se ofrenda primero al padre y a la madre, lo mismo antes de comer.

Le conté que en México tambien honramos a nuestros muertos y les ponemos una ofrenda muy similar a las que ponen en Asia, con la diferencia de que solo lo hacemos una vez al año.

El arroz: Las semillas de arroz que cultivan las compran a una compañía china. Dice que podría cultivar su propio arroz, pero el suyo produce menos granos, por eso usan el otro aunque asegura que es caro y no reciben ningún tipo de apoyo gubernamental.

Identidad: No sabe su fecha de nacimiento ni el de sus hijas e hijo, solo el año en que nacieron es medianamente importante. A pesar de esto, si tienen acta de nacimiento aunque jamás la usen.

Trabajo: Trabajar en los arrozales toma 10 horas diarias. Generalmente, comienzan a las 7:00 a.m. y terminan a las 17:00 horas. No tienen un patrón que les ponga horarios o cualquier otro tipo de cosas, son sus propias tierras y cultivos, por lo que si están cansados o enfermos, pueden descansar.

Los niños y las niñas también trabajan el arrozal, comienzan generalmente a la edad de 11 años. Van a la escuela y de ahí a trabajar. Después de los 15 años tienen que trabajar más.

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Su 

Educación: La escuela es gratuita hasta los 15 años. Después de eso, si quieres seguir estudiando debes ir a Sapa o a alguna localidad cercana a Hanoi; además, deja de ser gratuita a ese nivel, por lo que muchas familias no pueden mandar a sus hijos a la escuela.

Por su parte, Su no sabe leer ni escribir, pero habla muy bien inglés. Lo aprendió hablando con los turistas cuando comenzó a alojarlos hace 8 años, hoy es su principal fuente de ingreso.

Por cierto, Su tampoco habla vietnamita.

Economía personal: No se gana mucho del arroz, primordialmente porque el que siembran es para su consumo, solo a veces lo venden.

Para sembrar, lo ideal es tener un búfalo de agua, pero este cuesta 10 millones de dongs (unos $8,500 pesos). Muy caro para ella. Es por esto, que además de sembrar arroz, tejen. Tejen cosas preciosas y muy elaboradas. Como ando en mi etapa de recuperar conocimiento perdido, antes de emprender este viaje fui a que me re enseñaran a bordar, así que le enseñé el bordado que yo he estado haciendo y tuve la fortuna de que ella me enseñara como bordan ellas. ¡Esta difícil!

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Temores: Su le teme a las alturas, aunque se la vive en las montañas. Dice que cree que nunca podría subirse a un avión. Le dije que era como ir en tren, que no iba a sentir nada, jeje.

Gustos y disgustos: Come de todo menos pescado, víboras o perro. Simplemente no le gusta. Su estación favorita es el verano, no hace tanto calor, ni hace tanto frío. Últimamente en invierno les ha nevado, algo completamente inusual y que les afecta mucho porque los animales, incluyendo los búfalos, se mueren.

No le gusta el sur de China, sus vecinos, dice que son muy groseros con ellos, no dicen hola ni adiós.

Sus animales favoritos son los pájaros y las gallinas. Los arrozales y el paisaje impresionante que forman ya no le sorprenden. Le encanta el vino de arroz, al que le llama «happy water», pero no le gusta la cerveza.

Matrimonio: Las mujeres h’mong se casan alrededor de los 15-16 años, aunque algunas se casan a los 12. Se casan con niños de su misma edad y ellas pueden elegir a su esposo. No existen los matrimonios arreglados ni forzados. Su fue una rebelde, ella se caso hasta los 22.

Procreación: Ella tuvo sus partos en casa, solo cuando hay un problema muy serio van al hospital. Por lo general, para todo se usan remedios medicinales caseros.

Como costumbre, suelen guardar el cordón umbilical de los bebes en un frasco por unos días y lo dejan al lado de la cama, como ofrenda y agradecimiento a sus ancestros. Después, este se entierra bajo la tierra.

Por el momento, Su no quiere tener más hijos.

Roles de género: Son casi inexistentes. Los hombres cocinan, las mujeres también. Los hombres cuidan de la chamacada, las mujeres también. Los hombres trabajan el arrozal, las mujeres también. Solo el tejer pertenece a las mujeres.

Si alguna vez van a Vietnam, no se pueden perder de esta experiencia. Debido a que Su no escribe ni lee, es necesario que para contactarla le marquen por teléfono, aquí dejo sus datos: Giang Su (+84) 01677924940

No se van a arrepentir!!!

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Camboya

Mi paso por Camboya fue rápido pero muy enriquecedor.

Ya sabía que este país se luce por la cantidad de corrupción que hay en su gobierno y autoridades, incluso asimilable a México. Esta corrupción se puede palpar desde antes de que cruces la frontera.

Un par de días antes de partir a Camboya, varios amigos y yo estábamos buscando en internet cuánto costaba la visa, además de preguntarle a otros conocidos cuánto habían pagado y cómo les había ido.

«La página de la Embajada dice que cuesta $35 dólares, más $2 dólares por un examen médico superficial.»

«Sí, pero dicen que en el camión pasan unos sujetos y te piden tu pasaporte para que ellos hagan el trámite y esto puede aumentar el precio a $39, $40 dólares, lo que ellos quieran.»

«Yo no quiero dejarles mi pasaporte, deberíamos hacerlo nosotros mismos.»

«Sí, aunque también me han dicho que si no le caes bien al que te está atendiendo te pueden cobrar todavía más».

«Una amiga pagó $50 dólares». «Un amigo pagó $45».

Así eran las conversaciones. ¿Cómo demonios puede ser posible que hasta para hacer este trámite sean tan corruptos? Todos nos lo preguntábamos y hasta nos daba miedo.

¿De qué dependerá si les caes bien o no? ¿De ser güero, negro, moreno, amarillo? ¿De tu estatura? ¿De si eres «western» o no?

Por estos lares siempre confío en que la nacionalidad mexicana me ayude. A ojos internacionales seguimos siendo un amor.

Pues bien, partí antes que los demás. Prometí avisarles como me iba en el cruce de fronteras y darles -si había- algún tip.

Primera parada: Con la autoridad de Laos que te cobra $2 dólares por salir del país, cuestión que sorprende a muchísimos europeos, ¿por qué cobran? se preguntan. Yo les digo que varios países hacen eso. Recuerdo tener que pagar $20 dólares para salir de Ecuador y que México también le cobraba a algunos países latinoamericanos.

Ahí mismo llenamos las formas migratorias y el sujeto nos dijo que le diéramos nuestros pasaportes para que él hiciera el trámite. Nos resistimos hasta que dijo que podíamos seguirlo en cada paso del trámite y que nos cobraría $39 dólares.

Decidí aceptar, era eso o depender del buen o mal humor de otro camboyano. No hubo contratiempo alguno, lo seguimos hasta donde pudimos, de repente desapareció pero regresó con los pasaportes y descansamos. Ya con visa en mano, me subí a la minivan que me llevaría a Siam Reap.

Desde que entras a Camboya te das cuenta de que las cosas  no deben estar muy bien allí. A diferencia de Laos que conserva muy bien sus montañas repletas de árboles, aquí sólo se veían hectáreas y más hectáreas de terreno con árboles talados. Miles de ellos. Una tristeza monumental. Pensé que sólo sería un área; pero no, este panorama siguió por cuatro horas.

Por otro lado, ves por todas partes el letrero del Partido Popular de Camboya. El único que ha gobernado a este país desde 1993 como tal, aunque -igual que en México- este partido fue creado muchos años antes y fue cambiando de nombre a través de los años ¿Les suena?.

En fin. Llegué a Siam Reap e hice lo debido: visitar el fabuloso complejo de Angkor Wat, una serie de estructuras religiosas o templos considerados como patrimonio de la humanidad y como una de las nuevas maravillas del mundo. Hay que decir también, que no hay ruinas mas grandes que éstas en el mundo. No hay palabras que puedan describir su magnificencia, ni toda la historia que existe detrás de ellas. Simplemente increíble.

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En esta ciudad, varios chicos europeos que trabajaban en el hostel donde me quedé (Funky Flashpackers) me dijeron que tuviera muchísimo cuidado en Phnom Penh, la siguiente ciudad a la que me dirigía y que también es la capital del país.

Ya había leído en mi súper guía -que no ha servido de mucho- que en la capital son muy comunes los asaltos, específicamente el robo de bolsos. Para una que es chilanga esto sólo forma parte de la cotidianeidad, así que hace falta un poco más para asustarme.

Pero cuando estos chicos empezaron a decirme que era re peligroso, más allá de los asaltos y que luego yo, andando sola, debería tomar extra precaución; ahí me empecé a asustar.

Pregunté si era posible salir por la noche a tomar unas chelas, me dijeron que mejor ni lo intentara.

Total que lo lograron. Me fui re espantada a Phnom Penh ¡Me aterroricé!

Tomé de nueva cuenta una minivan hacia allá; misma que se descompuso a medio camino por lo que tuvimos que esperar más de 2 horas para partir. Gracias a este retraso, conocí a uno de los pasajeros:

¿De dónde eres? -De México- ouuuu nice!- ¿y tu? – De Ruanda – woooow!!!

¿Qué se dice cuando conoces a alguien de Ruanda? «Que chingón? Siento muchísimo todas las muertes que han azotado a tu país? ¿La pobreza? ¿ya viven en paz?» No tenía ni idea de qué decir así que me limité a un «wooow!!! nice!». Seguramente en su cabeza ocurrió un debate similar.

Nos fuimos a cenar. Pie-Pacifique me platicó que no vivía en Ruanda sino en Sudáfrica; que dejó su país a los 13 años debido al genocidio y que aún no es un buen lugar para vivir, pero que la gente es buena y linda. Sudáfrica, para el, es un país muy distinto al resto de África, pero le gusta.

Platicamos del catolicismo impuesto en Ruanda y México, de las historias antiguas que ya existían en su país antes de la colonización, yo le conté del mito de la Virgen de Guadalupe y su relación con la antigua Tonantzin.

Le conté también del último libro que había leído, «El origen de la tragedia» y cómo Nietszche describe y explica por qué los países occidentales destruyen y toman otros países como los nuestros.

Fue una plática valiosísima.

El estaba en Phnom Penh por cuestiones de trabajo y no era la primera vez que iba. Así que le pregunté:

¿Es verdad que es súper peligroso? – ¿a qué te refieres?- Me han dicho que asaltan mucho y pasan cosas horribles, que ni siquiera debería salir de noche. – No me ha tocado ver nada así, yo creo que  estarás bien.

Fue un respiro y, efectivamente, no fue como me la pintaron. Camine tranquila por las calles, salí a pasear y no pasó nada.

La cosa es esta: Las y los chicos «occidentales» viven una realidad muy distinta a la de cualquier latinoamericano, africano o asiático, por lo que nuestros estándares no son los mismos, ni están cerca de serlo.

Estas personas viven en países en donde, generalmente, las cosas van bien, mientras que en el resto del mundo no es así. Aprendemos que SIEMPRE tienes que cuidar tus cosas; incluso desconfiar del otro puede considerarse más una virtud que un defecto. Es una desgracia, pero así es. Sabemos que la corrupción es como la humedad, que la pobreza es una maldita constante; que lo rural es eso -rural- no «pobre» o «no civilizado», que a veces viviendo con muy poco se puede ser más feliz. Entendemos que se avanza de poquito en poquito, reconstruyéndonos a cada paso.

Mi percepción sobre Camboya y, en específico Phnom Penh, es que es palpable que es una ciudad en crecimiento, se ven los edificios viejísimos y descuidados al lado de nuevas torres espectaculares. Ahí se puede cenar en restaurantes súper chidos o en fondas; comprar ropa re barata que en realidad se vende a precios mas altos en occidente pero que son 100% costeables para la gente -la de occidente, claro- (H&M y Benetton son clientes favoritos de las manos camboyanas, que trabajan mucho por nada de dinero y en pésimas condiciones de trabajo. NOTA: Si quieren saber mas sobre esto recomiendo altamente ver el documental «The True Cost»  ahí o en Netflix y les invito a dejar de consumir estas y demas marcas que se aprovechan de la mano de obra de paises en desarrollo, se incluye Adidas, zara, bershka, etc. perdon por el comercial y continuo…), habrá a quien le quiten el bolso y a quien no; se ve que hay gente trabajando duro por sueldos bajitos y al mismo tiempo ves muchas escuelas internacionales (para franceses, japoneses, gringos). Total, hay de todo y para todas las personas.

Teniendo una nueva amistad tan interesante, decidí  que no quería salir de fiesta con la gente del hostal, preferí pasar mis 3 noches con Pie-Pacifique, platicando de nuestros países, de Camboya  y bailando salsa. Resultó ser un fanático y gran bailarín.

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Phnom Penh fue duro. La visita obligada es a la prisión Tuol Sleng, tambien conocida como la S21, lugar de tortura y muerte para miles de camboyanos a manos del regimen jemer liderados por Pol Pot (dejo link para curiosear en caso de no saber sobre este malvado). Entender la locura de este sujeto no me resulta nada  fácil. De hecho, sigo sin entenderla y siempre me pregunto cómo le hace la gente para seguir con sus vidas. Estar con Pie me ayudó a entender un poco más de esto, ya que su pais vivió algo muy similar.

Me dijo que el dejo de sentir rencor y sufrimiento por lo que había pasado una vez que aceptó que las cosas pasan. Dejó de preguntarse ¿por qué pasan? ¿qué hubiera sucedido si esto no hubiera pasado? Me dijo: «La cosa es que pasó. Eso ya no lo puedes quitar. Cuando entiendes eso, entonces puedes seguir adelante y tratar de que nunca vuelva a pasar.»

Nunca se me a olvidar y es una buena enseñanza que me llevo.

En lo que respecta a la corrupción camboyana o de cualquier parte del mundo, me parece que siempre va a estar ahí en menor o mayor medida, como en Ruanda, como en México. El tema es amplio y complejo y a estos gobiernos les ha funcionado tener a la población ganando poco dinero, con  educación insuficiente y con un acceso a la información viciado que les permite perpetuar su estancia en el poder y alimentar la corrupción y a su hermana la impunidad.

Se, por lo que he leído, algo sobre los problemas de Camboya. Personalmente, solo tuvimos la desdicha de ser detenidos por un policía que le bajo 5 dólares a Pie por no traer casco mientras manejaba la moto; no crean que existio la posibilidad de una multa. No. Al mas puro estilo poli chilango ochentero, se aventó directamente a pedir su dinero. Fuera de eso todo corrió con absoluta normalidad.

 

 

La somnolienta Lao

Lao (Nombre correcto según me explicaron los pobladores (la S fue un error francés que se quedo ahí) es un país 80% rural. Esto permite que la naturaleza viva feliz y muy tranquila aquí. Todo el norte de Lao es hermosamente verde, no hay un solo hueco en sus montañas, aquí; quienes habitan, son los arboles.

Ya les platiqué sobre «The Gibbon Experience» en la reserva natural de Bokeo, montañas están repletas de bambú gigantes, felices.

Debo confesar que estar trepada a no sé cuantos metros de altura y cruzar por esas tirolesas, admirando la gran vegetación que existe en ese lugar, me hizo llorar.

Yo lloro por casi todo, pero sobre todo cuando algo me impresiona mucho, tanto, que no lo puedo creer y se me sale el sentimiento por los ojos. Fue el caso de cuando vi ballenas en los Cabos, o el mejor cielo estrellado en Cabo Pulmo, o cuando lloré viendo los glaciares en Argentina. Esta fue una de esas ocasiones.

Mis amigos ya saben que lloro por estas cosas y se burlan de mí. Pero aquí estaba con puros extraños, me tuve que contener para que no creyeran que estaba loca. ¿Quien demonios se pone a llorar cuando esta en un lugar tan hermoso?

Pasar la noche en una casa de árbol, solo escuchando los sonidos de miles de aves y quien sabe qué otros animales, fue espectacular.

Todo el norte de Lao es así. Pero no todo es verde; también hay mucho azul.

En Luang Prabang, una de las ciudades norteñas favoritas de los mochileros, se encuentra una cascada maravillosa en la que puedes nadar en agua azul turquesa. Es un lugar mágico, en donde la tierra forma pozas de distintos tamaños, con cascadas, cascaditas, hasta llegar a la gran cascada.

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Pero no solo aquí se ve este azul, también en Vang Vieng, la ciudad de la fiesta. Aquí se ubican -además de varias cuevas- lagunas azules. La primera esta repleta de ciudadanos chinos con chalecos salvavidas que, honestamente, es mejor alejarse de ahí. Simplemente no se puede disfrutar. Si le echas más ganas, avanzas sobre un camino empedrado en donde se ven todos los campos de arrozales, muchísimo ganado, los hermosos búfalos de agua y unas montañas rocosas abrazando el paisaje; al final, esta la laguna azul 3. Hermosa e ideal para nadar y relajarse un muy buen rato ahí.

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Lao, además, comparte tierra y espacio con el enorme río Mekong. Uno de los ríos más grandes del mundo, pasando por Tailandia, Myanmar, Camboya y Vietnam. Hacer tubbing en este río es unos de los «musts» en Lao.

Al meritito sur de Lao, se encuentran las 4000 islas. Islas que son rodeadas por este gran monstruo del Mekong y que también forma unas cascadas verdaderamente espectaculares.

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Ahora, ¿por qué digo que Lao es somnolienta?

Porque al lado de toda esta naturaleza que respira fuertemente, la gente de Lao duerme. Duerme mucho. De hecho, duerme todo el día.

En todos lados, sea en un hostal, un restaurante, una estación de camiones, verás que la gente está durmiendo. Tienes que despertarlos para conseguir cualquier cosa, un agua, un cuarto, la bendita clave del wi-fi, lo que sea.

Esta somnolencia va más allá. El transporte en este país es un verdadero desastre. Para ir de un lugar a otro nunca sabes si te subirás a un solo camión, o a dos, o tal vez a tres. ¡Nadie te dice nada! De hecho, yo llegué a Luang Prabang por error, porque nadie en el camión aviso que ya habíamos llegado a mi destino inicial (Luang Natham) y me seguí y me seguí y me seguí.

Aquí la gente te dice que tu camión llegará en media hora y puedes quedarte esperando por unas dos horas. Las agencias de camiones te dicen que tu trayecto durará 4 horas y en realidad haces 8, porque los conductores paran a cada rato, o por que cambiaste de camión o por que sí.

Se dice que el nombre oficial del país «Lao PDR» que en realidad significa «Lao Please Don’t Rush» y de verdad es algo que aprendes a hacer. Yo tengo tiempo para andar perdiéndolo en camiones, además de que las playas vírgenes mexicanas me han entrenado muy bien en el arte de la paciencia, por lo que no me representó ningún problema.

¿Qué es lo que me parece increíble de este país y su gente?

Que después de haber sido colonizados por los franceses, después de sufrir por 10 años consecutivos los bombardeos diarios por parte de Estados Unidos y después de sufrir un bloqueo económico, otra vez, realizado por EEUUA, esta gente sonríe a veces, es amable a veces y duerme. Descansa.

Tal vez fue muy cansado vivir todo eso.

Tal vez las bombas los dejaron mareados.

Tal vez es que les vale madre.

Esto último es lo que opinó un laosiano con el que tuve el gusto de platicar. Me dijo que todo era más caro en Lao (a diferencia de Tailandia) porque a la gente no le gusta trabajar. Entonces cobran más para trabajar por menos tiempo.

Eso si, las que le chingan todo el santo día son las mujeres. Ellas siembran, cultivan y recogen el arroz, cuidan de sus familias, cocinan, trabajan incluso en la construcción, además de tejer hermosas telas para después venderlas. Ellas también duermen mucho, pero casi siempre trabajan.

Este mismo señor me dijo «Las mujeres están empezando a obligar a sus hijos a trabajar, pero no se dejan, todo es poco a poquito».

Cuando la gente de Lao no está durmiendo, bebe. Y te invitan a beber con ellos, si dices que si.. aguas! porque no te sueltan, y te dan más y más cerveza con hielo hasta que ellos o tu termines en el suelo. Yo solo lo hice por una hora con el señor que les cuento, y lo bueno es que pudimos parar porque teníamos que tomar un camión. En la hora que estuve con el me tomé al menos 9 vasos de cerveza. No se puede decir que ya no quieres más.

Así es la somnolienta y mágica Lao. Vive entre sueños pero sigue avanzando, poco a poquito, quitándose las lagañas.

Tailandia

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El 18 de julio dejé Tailandia para ir a Laos.

Nunca imaginé que me quedaría casi 2 meses ahí. Al final ya estaba muy acostumbrada a lo tai, tanto, que hasta me daba un poco de miedo llegar a un nuevo país.

Durante el trayecto de Chiang Rai a la frontera, estuve pensando sobre los tais, lo que los hace especiales y creo que, más allá de ser «el país de las sonrisas», es un país donde la gente es muy honesta, jamás toman algo que no es suyo, puedes dejar tus cosas en la estación de camiones por un rato y no pasa nada, si olvidas algo puedes volver al siguiente día y ahí va a estar lo que dejaste.

Esto, para mí, es  algo verdaderamente sorprendente viniendo de donde vengo. En Tailandia me sentí segura todo el tiempo, incluso cuando estuve en los lugares donde casi no hay turismo y, por lo tanto, no hablan inglés; no hubo ningún problema. Con mi muy poco y básico tai, la gente me ayudaba a encontrar mi camino. Siempre amables, siempre con una sonrisa y siempre siendo muy útiles.

Entonces la pregunta surge: ¿Como se logra esto? ¿Será, acaso, que los tais se comportan así debido a un tema religioso? Pero aun si fuera así, para los católicos, robar, mentir y chingarse al otro, es un pecado. Entonces no es solo eso.

¿Cual es la formula para crear una sociedad así, en donde todos se sienten seguros la mayoría del tiempo?

Indagando, gente que vive en Tailandia me comentó que el ideario tai se basa en 3 pilares fundamentales: 1) La Nación; 2) El budismo, y 3) el Rey.

En cuanto a la Nación, Tailandia puede preciarse de ser el más listillo del Sureste asiático al ser el único país en la región que nunca fue colonizado. ¿Como se salvaron de esto? Negociando.

Es por esto que defienden a capa y a espada a la nación y también se explica porque ningún extranjero, bajo ningún pretexto, puede comprar propiedades en el país. Interesante ¿no?

Religión: Los tais, en su mayoría, practican el budismo teravada, aunque también hay musulmanes y una pequeña porción de católicos.

Si bien los he visto asistir al templo e hincarse 3 veces ante Buda, también he de decir que es una sociedad bastante abierta y alocada. Probablemente los principios budistas son los que verdaderamente permean dentro de las familias, pero hacia afuera, pareciera que son tan budistas como son católicos los mexicanos.

El Rey: El rey es lo máximo en este país. Una pensaría que tal vez se sienten obligados a decir que lo admiran y lo quieren, pero no; al parecer el cariño hacia el es genuino.

Unos dicen que la sociedad tai es como es debido al rey, porque ha sabido liderar con el ejemplo.

También me comentaron que algunos tais dicen que el día que se muera el Rey, ellos buscaran irse a otro país, ya que subiría al trono su hijo, que no es querido por la población ya que el si se ha visto envuelto en uno que otro escándalo (desconozco de que tipo). El Rey tiene también a una hija y a ella si la respetan y la quieren, pero no puede tomar el trono porque… bueno ustedes ya saben por qué.

Entonces si, tal vez ahí este la clave de que los tais sean tan buenas personas, han seguido un ejemplo. Por supuesto que Tailandia también tiene problemas políticos. Las últimas bombas que fueron detonadas en el Sur de Tailandia son muestras de eso, pero lo anterior no se mezcla con los valores que tienen los tais.

Me pongo a pensar en estas cosas, porque me da coraje saber que en México esto parece imposible, desde la gente común y corriente, o como se dice, la gente «de a pie» hasta la clase política que nada más no se cansan de hincharse de dinero mediante mañas y corrupción. La honestidad NO es un valor que verdaderamente interese a la sociedad mexicana, aunque repitan lo contrario todo el tiempo.

Antes pensaba que eramos más los buenos en el país, ahora ya no tanto, diario veo una noticia de algún «lord» o una «lady» que se creen más que los demás, cretinos sin educación cívica alguna y leo los comentarios de la gente, de los «buenos» y todo lo que dicen es sobre como matar o desaparecer al cretino aquel. Fatal, México.

No sé en qué momento nos volvimos ese tipo de sociedad violenta, discriminadora, racista y de verdad espero que cambie pronto. Espero que aprendamos de gente como esta, de sociedades distintas y buenas, porque definitivamente, viéndolos, ahora sé que no es un tema de religión, ni de pobreza o riqueza, es simplemente un tema de valores, que desgraciadamente nosotros ya aventamos al traste.